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29.5.11

La ideología de Herzl sembró la semilla del Estado judío

 
Según el calendario hebreo, esta semana se cumple el 151 aniversario del nacimiento de Biniamín Zeev Herzl, padre del sionismo moderno.

Teodoro (Biniamín Zeev) nació en Budapest en 1860. Fue educado en el espíritu del Iluminismo germano-judío de la época, aprendiendo a valorar la cultura secular. En 1878 su familia se trasladó a Viena y en 1884 Herzl obtuvo su doctorado en Derecho de la Universidad de Viena. Se convirtió en escritor, dramaturgo y periodista. Herzl fue el corresponsal en París del influyente periódico liberal vienés Neue Freie Presse.

Herzl tropezó por primera vez con el antisemitismo, que transformaría su vida y el destino de los judíos en el siglo XX mientras estudiaba en la Universidad de Viena (1882). Más tarde, durante su estadía en París como periodista, se enfrentó directamente con el problema. En aquel entonces Herzl consideraba al problema judío como una cuestión de carácter social y escribió un drama, “El Gueto” (1894), en el que la asimilación y la conversión eran rechazadas como soluciones. Herzl esperaba que su obra condujera a una polémica y finalmente a una solución, que se basara en la tolerancia y el respeto mutuos entre cristianos y judíos.

En 1894, el capitán Alfred Dreyfus, un oficial judío del ejército francés, fue acusado injustamente de traición, principalmente debido a la atmósfera antisemita reinante. Herzl estuvo presente cuando el populacho gritaba “Muerte a los judíos” y llegó a la conclusión que existía una sola solución a este ataque antisemita: la emigración masiva de los judíos hacia un país al que pudieran llamar propio. Así, el Caso Dreyfus pasó a ser uno de los factores determinantes en la génesis del sionismo político.

Herzl llegó a la conclusión de que el antisemitismo era un factor estable e inmutable en la sociedad humana, y que la asimilación no sería la solución. Consideró la idea de llegar a una soberanía judía y, a pesar del ridículo al que sería sometido por líderes judíos, publicó en 1896 “Der Judenstaat” (El Estado Judío).

Herzl planteó que la esencia del problema judío no era algo individual sino algo de carácter nacional. Declaró que los judíos lograrían la aceptación del mundo solamente si dejaban de ser una anomalía nacional. Los judíos son un pueblo, dijo, y su condición puede ser transformada en una fuerza positiva por medio del establecimiento de un Estado judío con el consentimiento de las grandes potencias. Él vio la cuestión judía como un problema de política internacional, que debía ser tratado en la arena de la política internacional.

Herzl propuso un programa práctico para la recolección de fondos de los judíos de todo el mundo por medio de una organización que trabajaría hacia la realización práctica de esta meta (esta organización, cuando fue creada finalmente, fue la Organización Sionista). Consideraba que el futuro Estado sería un Estado modelo desde el punto de vista social, basando sus ideas en el modelo europeo de la época, una sociedad ilustrada moderna. Debía ser neutral, a favor de la paz y de naturaleza secular.

Las ideas de Herzl fueron acogidas con entusiasmo por las masas judías en Europa Oriental, aunque los líderes judíos mostraron menos fervor. A pesar de eso, Herzl convocó y presidió el Primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, del 29 al 31 de agosto de 1897, la primera reunión internacional de judíos sobre una base nacional y secular. Aquí los delegados adoptaron el Programa de Basilea, el programa del movimiento sionista, y declararon que “el sionismo pretende establecer en Palestina un hogar para el pueblo judío que esté basado en la ley pública”. En el Congreso se fundó la Organización Sionista como brazo político del pueblo judío, y Herzl fue electo su primer presidente. Ese mismo año, Herzl fundó el semanario sionista Die Welt e inició las actividades para obtener el reconocimiento internacional para un asentamiento judío en la Tierra de Israel (Eretz Israel).

Después del Primer Congreso Sionista, el movimiento se reunió anualmente en los marcos de un Congreso Sionista Internacional. En el año 1936 el centro del Movimiento Sionista fue trasladado a Jerusalén.
En 1902, Herzl escribió la novela sionista “Altneuland” (Vieja Nueva Tierra), en la que presentó el futuro Estado judío como una utopía social. Tuvo la visión de una nueva sociedad que surgiría en la Tierra de Israel sobre una base cooperativa, que utiliza la ciencia y la tecnología para el desarrollo del país. Incluyó ideas detalladas respecto a la forma en que veía la estructura política del futuro Estado, la inmigración, la recaudación de fondos, las relaciones diplomáticas, las leyes sociales y las relaciones entre la religión y el Estado.
 
En “Altneuland”, el Estado judío aparecía como una sociedad pluralista y progresista, una “luz para las naciones”. Este libro tuvo un gran impacto entre los judíos de la época y se convirtió en el símbolo de la visión sionista en la Tierra de Israel.
 
Herzl comprendió la necesidad del estímulo de las grandes potencias para los objetivos nacionales del pueblo judío. Por eso, viajó a la Tierra de Israel y a Estambul en 1898 para encontrarse con el kaiser Guillermo II de Alemania y el sultán del Imperio Otomano. Cuando estos esfuerzos demostraron ser estériles, se volvió hacia Gran Bretaña y se reunió con Joseph Chamberlain, el ministro de Colonias británico y con otros. La única oferta concreta que recibió por parte de los británicos fue la propuesta de una región autónoma judía en el Africa Oriental, en Uganda.
 
El pogrom de Kishinev en 1903 y la difícil situación de la judeidad rusa, que conoció de cerca durante una visita a Rusia, le causó una fuerte impresión. Presentó al Sexto Congreso Sionista (1903) la propuesta británica de Uganda como refugio temporario para los judíos de Rusia que se encontraban en un peligro inmediato. Si bien Herzl dejó en claro que esta proposición no afectaría la meta final del sionismo, una entidad judía en la Tierra de Israel, la propuesta despertó una gran tormenta en el Congreso y casi provocó un cisma en el movimiento sionista. El Programa de Uganda fue rechazado finalmente por el movimiento sionista en el Séptimo Congreso Sionista, en 1905.
 
Herzl murió en 1904 de una neumonía y de una debilidad cardiaca debida al exceso de trabajo por sus incesantes esfuerzos en pro del sionismo. Mas para entonces el movimiento había encontrado ya su lugar en el mapa político mundial. En 1949 los restos mortales de Herzl fueron traídos a Israel e inhumados en el Monte Herzl, en Jerusalén.
 
Herzl acuñó la frase “Si lo queréis, no será una leyenda”, que se convirtió en el lema del movimiento sionista. Si bien en su momento nadie lo hubiera imaginado, el movimiento sionista condujo, en tan sólo 50 años después del Primer Congreso, al establecimiento del soberano Estado de Israel.
Surgimiento del sionismo político
El sionismo político, el movimiento de liberación nacional del pueblo judío, surgió en el siglo XIX dentro del contexto del nacionalismo liberal que entonces se expandía por Europa.

El sionismo sintetizó los dos objetivos del nacionalismo liberal: liberación y unidad, que aspira liberar a los judíos del dominio extraño, hostil y opresor, y restablecer la unidad judía por medio de la reunión a los exilios de los cuatro confines del mundo en una patria judía.

El surgimiento del sionismo como movimiento político fue también una respuesta al fracaso de la Haskalá, el iluminismo judío, para solucionar “el problema judío”. De acuerdo con la concepción sionista, la razón de este fracaso fue que la emancipación e igualdad personal no era posible sin la emancipación y una igualdad nacional, dado que los problemas nacionales requieren soluciones nacionales. La solución sionista fue el establecimiento de un Estado nacional judío con una mayoría judía en su patria ancestral, haciendo realidad así el derecho del pueblo judío a la autodeterminación. El sionismo no considera que “la normalización” de la condición judía sea opuesta a los objetivos y valores universales. Éste abogó por el derecho de todo pueblo en la tierra a tener su hogar propio y sostuvo que sólo un pueblo soberano puede ser miembro de igual rango en el seno de las naciones.

Un movimiento pluralista
Si bien el sionismo fue básicamente un movimiento político que aspiraba al retorno a la patria judía con libertad, soberanía y seguridad para el pueblo judío, promovió también una reafirmación de la cultura judía.

Un importante elemento en este despertar fue el renacimiento del hebreo, largamente restringido a la liturgia y a la literatura, como un idioma nacional vivo para su uso en el Gobierno y en el ejército, en la educación y en la ciencia, el mercado y la calle.

Como todo otro nacionalismo, el sionismo se interrelacionó con otras ideologías, lo que formó corrientes y subcorrientes dentro de su campo de acción. La combinación de nacionalismo y liberalismo dio nacimiento al sionismo liberal; la integración del socialismo hizo surgir el sionismo socialista; la mezcla de sionismo con una profunda fe religiosa creó el sionismo religioso y la influencia del nacionalismo europeo inspiró una facción nacionalista de derecha. En este aspecto, el sionismo no fue diferente de otros nacionalismos, que también abrazaron diversas tendencias liberales, tradicionalistas, socialistas (izquierdistas) y conservadoras (derechistas).

(Fonte: Aurora Israel)

20.5.11

Últimos 30 dias com 19 anos

A contagem do Ômer chegou a sua metade, e já estamos no final do luto. Na minha segunda contagem em três anos, reconheço que cada vez mais, esse período é difícil, não pelo luto em si, mas pelas circunstâncias do cotidiano. Em 5771, "o bicho tá pegando", literalmente. Nesse ano, decidi me juntar (de vez) a minha companheira, passando a morar com ela.

Sim, David Start-Cohen, quem sempre era solteiro, se casou de vez. Começou a correria. Logo depois, um programa de rádio na faculdade acabou com a minha calmaria. Esse programa de rádio, é o nosso trabalho de conclusão de curso em versão compacta, uma dor de cabeça.

Conseguimos gravar o programa, mas, a parte teórica, bagunçou o tempo de todos os integrantes do meu grupo, óbvio, a minha também. Saíndo mais tarde do serviço pra cobrir um ex-colega que foi dispensado, o cansaço aumentou absurdamente. Com isso, veio o presente: três picos de febre, um atrás do outro. Foi a segunda vez nesse ano, no curto intervalo de 4 meses, tempo que fiquei na VegaNet.

Me recuperei, e o meu trabalho teórico não saiu do .doc.

Justo na época da Contagem, a necessidade de morarmos em algo maior bate a nossa porta, e quando achamos uma casa, as coisas dificultam, típico da época. Agora, mais do que nunca, as orações devem ser aumentadas após Lag B'Omer, ou seja, esse domingo.

E, daqui a menos de 30 dias, eu completo duas décadas. Será que a Contagem desse ano é só uma prévia do que pode acontecer, do, então, fim da adolescência?

A caminho de Shavuot. Vivendo um dia de cada vez. Shabat Shalom!

A vista da praia (The Beach View)

 

 Uma propaganda de whisky divulgada atualmente, mostra uma frase de seu protagonista, o navegador Amyr Klink, que diz: "Quanto mais mares você atravessa, mais bonita é a vista da praia".

Em meus pensamentos, comecei a velejar como Amyr, por diversas situações da vida, e perceber como é real o que ele sintetiza nessa única frase, pois não me lembro de uma única saída do porto, cujo retorno não foi maravilhoso.

A vida nos apresenta infinitos tipos de partidas, físicas ou mentais, e igual número de retornos, muito mais emocionantes que as partidas. Nossa primeira saída da casa de nossos pais, aquela para dormir na casa de um amiguinho, era muito aguardada, uma aventura e tanto, mas o retorno certamente foi melhor.

Em busca de uma melhor formação, partimos para outras cidades, moramos com amigos, em repúblicas, pensionatos, kitchnetes, ou mesmo em apartamentos alugados ou próprios. Mas nada era igual à casa de nossos pais, para onde voltávamos nas férias. Nossa cama, nossos pais e avós, os irmãos, os amigos e as antigas namoradas, nos proporcionavam sentimentos inigualáveis, muito mais intensos do que a vontade de morar só, de ser dono do próprio tempo.

Mesmo os reencontros virtuais, hoje possíveis pelas redes sociais, são muito gratificantes. Por eles sabemos de amigos que se distanciaram por motivos diversos, moram em cidades, estados e até em países diferentes, concluíram ou não seus estudos, se casaram, tiveram filhos e hoje já são avós.

E mesmo com toda essa distância, muitos desses amigos são agora capazes de postar fotos de nossa infância, juventude, bagunças, das famílias que constituíram, dos casamentos que não tiveram continuidade, dos novos relacionamentos, enfim, de nossas vidas, passadas e atuais.

Essas fotos são capazes de nos proporcionar sentimentos maravilhosos, lembranças, amizade e carinho por pessoas sobre as quais não possuíamos mais nenhuma informação.

As dificuldades ultrapassadas durante a vida, sejam elas físicas ou emocionais também nos proporcionam sentimentos de alegria quando são solucionadas. Problemas que parecem insolúveis acabam sendo resolvidos, de uma ou de outra forma, mais ou menos satisfatória, mas são solucionados, e também nos proporcionam outro tipo de sentimento, o da tranquilidade.

A mesma tranquilidade sentida pelo navegador em alto mar, quando acaba a tempestade que o deixara ansioso, ou quando encontra uma ilha onde poderá se reabastecer de mantimentos e água potável. Ao partir, ele pensava levar os suprimentos suficientes para sua viagem, mas a tempestade enfrentada desviou e aumentou seu curso. Qualquer reabastecimento lhe dará as condições necessárias para continuar sua viagem com maior sentimento de paz, tranquilidade.

Se não houvessem as dificuldades, as tristezas e os afastamentos, não ocorreriam as soluções, as alegrias e os reencontros, que tanto nos alegram, e estimulam a continuar remando, navegando, no mar da vida.

A vida necessita sempre ser reabastecida de sentimentos alegres, que não poderiam existir sem a partida anterior, a ausência, e agora o reencontro, a nova e maravilhosa visão da praia, para aquele que estava no mar.

A tecnologia na educação

 

Algumas coisas me chamam bastante a atenção quando vejo o excesso de equipamentos eletrônicos à disposição dos jovens, e de como isso vem alterando o aprendizado escolar.

Nenhum jovem sabe mais, e provavelmente nem seus professores, fazer contas manualmente. De cabeça então, nem pensar. Sempre fui bom em contas e até hoje, já perto dos 60, gosto de fazer minhas contas de cabeça, ou manualmente, e só depois, se entender necessária uma confirmação, uso uma calculadora eletrônica.

Fico abismado de ver como, ao fazer compras no comércio, qualquer que seja a conta a ser realizada para o troco a pessoa usa a máquina, mesmo quando a conta é até ridícula, como uma de R$ 7,00, a serem cobrados de uma nota de R$ 10,00.

Depois das calculadoras haverem se tornado indispensáveis para essa população abaixo dos 30 anos, o computador passou a ser disponibilizado em longas e suaves prestações nas grandes lojas de departamentos.

Sua popularização foi tão grande que atualmente, até para as continhas antes feitas nas calculadoras, já se usam os notebooks, netbooks, tables, ou qualquer outro equipamento eletrônico portátil como os celulares, mas as contas manuais, ou de cabeça, já não existem.

A criança já se sente inferiorizada ao ir à escola sem um celular que, além de falar, ao mesmo tempo receba mensagens de texto, tenha jogos, GPS, toque músicas, proporcione acesso a todas as redes sociais e aos canais de TV digitais.

A mesma criança precisa chegar em casa e ter à sua disposição um computador, que certamente já não poderá ser o desktop de uso coletivo da família, mas sim um notebook de uso pessoal, para que possa fazer suas pesquisas na internet e depois submetê-las à apreciação dos professores em uma apresentação do Power Point, para que a classe toda possa acompanhar.

Além do consumismo desenfreado desse tipo de equipamento, penso sempre no que entendo ser outro inconveniente nessa utilização: as pessoas deixam de pensar, jogam tudo para as máquinas resolverem e, dessa maneira, subutilizam a mais perfeita delas, o nosso cérebro.

Atualmente, máquinas são incumbidas de gerar outras, desaparecendo a possibilidade de surgirem pessoas que realizem criações geniais como a lâmpada incandescente, criada por Thomas Edison em 21 de outubro de 1879, 132 anos atrás.

A utilização da energia elétrica proporcionou um desenvolvimento tão elevado que, em menos de 150 anos, saímos da era da lamparina para os super e micro computadores atuais.

O consumo desenfreado de máquinas e equipamentos, criados para servir o homem, pode acabar com ele.

Como você acalmaria sua esposa?

Como você acalmaria sua esposa?

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The Zen of Kosher Scotch

By Dan Friedman

As anyone who has visited the dry garden at the Zen temple Ryoanji, in Kyoto, Japan, can tell you, it’s not just the raw materials that make a site worth visiting. If raked gravel were all it took to attract tourists, then the world’s quarries would be mobbed. Likewise, the aura that surrounds Scottish whisky distilleries goes beyond their relatively unprepossessing appearance and explains why visitors are increasingly drawn to the remote north of Britain. In recent years, kosher whisky tour groups have been among the buses pulling up into small parking lots located 600 miles, or more, north of London.

Stretching from Speyside to the Western Isles to the Highlands, Scotland’s 103 distilleries produce whiskies with a variety of flavors and characteristics. Whiskey (with an “e”) is made by distilling fermented mash from a variety of different grains. But Scotch whisky (no “e”) uses only barley and water, so any variations come from the process and the barrels in which the maturing whisky is stored.

On a recent trip to Britain, I visited the Glenmorangie distillery on the East Coast, just outside Tain, near Inverness. Made up of four homely buildings strung between the winding route of the A9 and the swampy shore of Dornoch Firth, it resembles nothing so much as a farmhouse or rural middle school complex, built from local stone.


The first building to meet the eye is the old malting house with its distinctively raked roof, which now houses the offices. No malting is done in situ any more since, as with most contemporary distilleries, the barley now arrives already malted to exact specifications.

Next to the malting house a new, two-story building sits unobtrusively. In here the barley is transformed through the addition of water, yeast and heat into the pungent brown “wash,” which then flows toward the still hall — by far the most impressive room in the complex.

Controlled by a state-of-the-art computer console, and with a row of four gleaming brass stills on either side fed by Victorian plumbing that reveals fluids in various stages of distillation, it is steampunk manufacture at its finest. In here, the wash is double-distilled — in the evocatively named “wash” and “spirit” stills — until it is ready to be put into barrels. The barrels are then stored in surprisingly roomy dark warehouses low down by the side of the firth.

Glenmorangie was founded in 1843 by William Matheson, who bought gin stills and adapted them to the production of whisky. The height of these unusually tall stills, the distillery claims, allows the reclamation of the floral vapors that give the basic spirit its distinctive flavor.

The company was eventually bought by the MacDonald family and, for 150 years, the distillery put together a distinguished series of whiskies before it was bought in 2004, along with Ardbeg distillery (in the Western Isles), by the French luxury goods outfit Louis Vuitton Moet Hennessy.

Glenmorangie’s recent kosher certification is fairly unapologetically linked with its new building and its concomitant 50% increase in capacity. Dr. Bill Lumsden, the charismatic head of the distillery, was happy for the extra market, and given the strict purity of the ingredients and process, was never worried about the outcome.

Glenmorangie is just downhill from Tarlogie Springs, from where it receives its pure, clear water. But, though the barley mixture runs through copper mash tuns, miles of pipe and tall stills, the main ingredient added at the distillery is time. Scotch isn’t scotch until it has sat for five years, and the best sits in a variety of barrels for 10 years or longer. The warehouse has a faint scent of the whisky lost to evaporation, known, in delicate homage, as “the angel share.”

The barrels in which whisky matures are the only real obstacle to whisky’s kosher status. With more rabbinical rules governing the production and consumption of grape-based drinks than grain-based ones, there is an argument that the sherry, port and brandy that originally sat in barrels, now imparting flavor to mature whiskies, all need to be kosher. Even at Glenmorangie, a smallish distillery, there are an impressive number and variety of barrels to check on.

Essentially small 19th-century factories built to convert barley into a potent alcoholic drink, contemporary distilleries house modernized versions of ancient farmhouse techniques for turning excess crops into something to keep the cold, dark, damp Hibernian winters at bay. During this process of systematization, the name developed from the Scottish Gaelic uisge beatha (“water of life”) into the more recognizable “whisky.”

Because the ingredients are so minimal, a number of these factories have sought a hekhsher to show that their whisky is kosher and to mark it out for Jewish whisky drinkers.

Ironically, it was external regulation and certification that created modern Scotch whisky, and its attendant industry. For centuries, Scottish farmers had been making moonshine, but after the 1707 Acts of Union, which legally joined England and Scotland, the intrusion of the British state made that harder. After a century of conflict over production and taxation, the 1823 Excise Act largely put a stop to illegal pot stills and regulated the bottled whisky. This meant that the British government could tax it, and that whisky could be produced and sold locally, nationally and internationally, like any other good. It also led to a systematization of the distillation process so that, for the first time, you could drink your whisky safe in the knowledge that it wouldn’t make you go blind or kill you.

By the turn of the 21st century, scotch had become a global byword. Like the Gideon Bible, it waits for you in every hotel. Propelled around the world by the British Empire, aided by the phylloxera epidemic’s destruction of French wine production in the 1880s and ruthlessly marketed in the Internet age by multinationals who recognize its distinctive brand, scotch connotes purity, luxury, tradition, nondenominational whiteness and a contemplative Western masculinity. It is these qualities that make whisky especially attractive to Asian and Jewish men, whom Western stereotypes have marked as effeminate outsiders.

For a world in which complex processed foods are churned out instantly to last forever, and eco-tours threaten the destinations they celebrate, kosher whisky tourism is a fascinating alternative. All air travel burns oil, but what could be more quality-conscious and eco-friendly than a busload of Jews heading to a generally inhospitable area of the world on the verge of the Arctic Circle to witness a few hours of a minimalist production process that takes more than 10 years?
 
Dan Friedman is the Forward’s arts and culture editor.

(Fonte: The Forward)

Raising Children on Kugel and Kimchi, and as Jews

Keeping the Faith: Researchers Noah Leavitt and Helen
Kim with their son, Ari.
COURTESY OF THE LEAVITT/KIM FAMILY
Keeping the Faith: Researchers Noah Leavitt and Helen Kim with their son, Ari.


By Kathy Seal


After her husband stepped on the glass, and she survived the chair dance at their wedding without falling off, Emily Brecher changed into a traditional red Chinese dress.

“Then my husband and I knelt down before my parents and my Jewish in-laws at the tea ceremony,” Brecher recalled. “The dim sum hors d’oeuvres were a huge hit.”

It’s an increasingly familiar story: Asian-Jewish weddings creating families that celebrate Rosh Hashanah and the Lunar New Year and bring up their children on kugel and kimchi.

But now there’s a surprising twist to the story: A new study suggests that, overwhelmingly, Asian-Jewish couples are raising their children Jewish. That’s what sociologists Noah Leavitt and Helen Kim found when they spent two years interviewing 37 Asian-Jewish couples in New York City, Philadelphia and California.

There are important caveats to their study. First and foremost, it is suggestive rather than conclusive. The small sample size was designed to allow each couple to be interviewed in great depth, making this a qualitative rather than a quantitative study. But nearly every couple interviewed displayed at least half of eight religious or cultural criteria the couple assembled as their index for measuring the depth and nature of a Jewish upbringing.

The researchers’ criteria included circumcision for boys; weekly family celebrations of the Sabbath, including such activities as baking, house decorating and having a formal Sabbath family meal; membership at a synagogue or participation in synagogue-based activities, and Hebrew school attendance.
Of the 37 couples the researchers studied, all “are raising children with some element of Judaism as a framework for their childhood,” Leavitt wrote in an e-mail to the Forward. “None were raising their children in any religion other than Judaism.” Only “one or two” are bringing up their children with Judaism and another religion, he wrote.

That compares with the 2001 National Jewish Population Survey’s findings that around one-third of the children in households where only one of the two spouses is Jewish are being raised Jewish and/or with a Jewish identity.

The 37 couples, ranging from Reform to Orthodox in affiliation, were selected from among 300 couples that were contacted by a method known as “snowball sampling.” This approach, which is useful in assembling sample groups with attributes that are hard to find through random sampling, involves asking a core group with the desired characteristics to contact others with those attributes. In turn, members of the second group are asked to contact others, and the process goes onward, through several degrees of separation. This method helps researchers reach out to an increasingly diverse group of people with the desired attributes. But it is not the same as random sampling.

Nevertheless, bearing these limitations in mind, “Over and over again we saw Jewish-Asian couples making a commitment to helping their children become Jewish,” said Leavitt, visiting assistant professor of sociology and general studies at Whitman College in Walla Walla, Wash. “In fact, these households were stronger into Judaism and the sense of their kids’ Jewishness and upbringing than most Jewish families in the U.S.”
Leavitt and Kim’s study will be a chapter in a forthcoming peer-reviewed book with the working title,
“Keeping the Faith,” from NYU Press, looking at religious practices of second generation Asian-American and Latino immigrants in the United States.

Leavitt and Kim, who are married, spent hundreds of hours talking to the couples, who had responded to lengthy questionnaires. While most of the Jews were Ashkenazi, the Asians were Korean, Chinese, Filipino, Japanese, and Southeast and South Asian. A few of the couples had married so long ago that their marriages broke state anti-miscegenation laws, declared unconstitutional in 1967. Others were still in graduate school. The study comprised both straight and same-sex partners. Most, but not all, of the couples had children.
The researchers didn’t study why most couples were raising their children Jewish. They hypothesize, however, that the Jewish community provides a “wraparound” for family life in many cities, making it easy to promote Jewish identity anywhere, from preschools, summer camps and community centers to social service agencies, museums and political organizations.

That’s not the case with most Asian communities, and this is due in part to dispersion of many Asian Americans into the suburbs. As a Jewish woman in California married to a Japanese man told Kim, the lack of continuing emigration from Japan provides “very little way that we could possibly raise our kids in Japanese culture. Jews — there’s like a million synagogues here. There’s not a Japanese community in hardly any city in America now.” In the San Francisco Bay Area, on the other hand, an Asian-American man noted that his family could pick the Oakland version of the Jewish community — or the Berkeley or El Cerrito version.

The researchers were surprised to find little parental opposition to the marriages. “I was expecting a lot more, ‘You can’t marry her, because she’s not Jewish or not Korean,’” said Kim, who attributes the lack of resistance to the modern social trend of increasing intermarriage.

Perhaps less surprising, the researchers also found the Asian-Jewish couples sharing remarkably similar values. As Brecher put it: “My husband and I found that the Jewish and Chinese cultures are very similar — the emphasis on family life, the importance placed on education, strong work ethics. And of course, we show our love through food.”

Many couples noted that their harmonious values stemmed from similarities in Jewish and Asian culture, and some even mentioned that Confucian or Buddhist teachings paralleled those of Judaism.

“My children recognize themselves as Jewish children of the Chinese mother,” Brecher said.
The alignment of Jewish and Asian values may also be one reason for the researchers’ finding that the overwhelming majority of the couples they interviewed were happy.

Of course, this didn’t prove that all couples in Asian-Jewish marriages are content. Couples who weren’t getting along, Leavitt says, were unlikely to respond to their survey.

But those who did respond “expressed so much deep love and affection and trust and confidence and support of their children,” Leavitt said, “that when we finished interviewing, Helen and I felt more loving toward each other.”

(Fonte: The Forward)

19.5.11

Ninguém é substituível

Em um e-mail recebido de uma leitora, havia uma mensagem com o título 'Ninguém é substituível', que me chamou a atenção por ser exatamente o oposto do que sempre ouvimos ou dizemos.

Em uma reunião de diretoria de uma empresa o presidente havia dito, em tom ameaçador, o tradicional -ninguém é insubstituível-, causando pânico em todos os dirigentes presentes, mas um deles se levantou e, pedindo a palavra, perguntou: e Beethoven (o mano na foto)? Quem o substituiu?

Continuando, aquele diretor disse: As grandes empresas como a nossa sempre falam em descobrir e reter talentos mas no fundo continuam tratando seus profissionais como peças dentro da organização, que quando uma sai, quebra ou falha, é só substituí-la para que toda a engrenagem continue funcionando normalmente, e muitas vezes até melhor, por agora contar com peças novas.

Dando ainda mais exemplos, perguntou quem substituíra Ayrton Senna, Frank Sinatra, Elvis Presley, Gandhi, Santos Dumont, Thomas Edson, Tom Jobim, Picasso, Einstein..., e após uma pausa disse que todos os citados haviam brilhado fazendo o que gostavam e sabiam fazer bem, marcando com isso seu nome na história e, portanto, eram sim insubstituíveis.

Lembrou ainda que ninguém se preocupava, ou mesmo se importava, em saber se Beethoven era surdo, Picasso era instável, Caymmi preguiçoso, Kennedy egocêntrico ou Elvis paranóico , mas sim de poder apreciar o resultado de suas obras talentosas, fossem sinfonias, obras de arte, discursos memoráveis ou melodias inesquecíveis.

"Sou um só, mas ainda assim sou um. Não posso fazer tudo..., mas posso fazer alguma coisa. Por não poder fazer tudo, não me recusarei a fazer o pouco que posso. Algumas pessoas me amarão, e outras me odiarão pelo que sou, mas assim é a vida", disse o jovem, sugerindo que todos deveríamos nos acostumar a isso.
 
Todo esse comentário foi feito para, discordando do presidente da empresa, mostrar a ele que cada um dos presentes podia sim ter seus defeitos, mas também possuía qualidades e que estas eram as que deveriam ser melhor aproveitadas pela empresa.

Hoje, já bem diferente do jovem que pensava tudo saber, reconheço ser uma pessoa com infinitos defeitos, milhares que já descobri e outros milhares que ainda não consigo ver, mas que provavelmente outros enxergam, e algum dia também enxergarei.

A vida vai nos mostrando que sempre poderemos aprender algo mais, que sabemos sempre pouco, e vai nos dando também a humildade necessária para, compreendendo isso, buscarmos um crescimento dentro da engrenagem geral.

Essa engrenagem não se movimenta só, precisa da partida, e depois desse início, cada um vira um pouco e com sua rotação gira o vizinho, que também ajudará na virada de outro e assim por diante. Dessa forma o homem inventou a lâmpada e chegou ao que hoje possuímos, em menos de 150 anos.

Para isso foi necessária a existência de milhares de homens capazes de criar, desde cabos elétricos, automóveis, aviões, poesias, computadores, vacinas, equipamentos médicos de última geração, mas também daqueles responsáveis pela limpeza das fábricas e das salas cirúrgicas, cada um fazendo o que sabia, e o que podia fazer.

Devemos ter consciência de nossas qualidades e importância, nos orgulhar de fazer parte da engrenagem que permite aos criadores criar, para depois usufruirmos dessa criação e com leituras, observações e escritos, divulgá-la para que se alastre e se perpetue.